"Mi recuerdo de Federico"

por Ana Higueras


Desde que tengo uso de razón el nombre de Federico Sopeña forma parte de mi entorno. Durante mi niñez y adolescencia viví en casa de mis abuelos y tíos maternos, en Martínez Campos 17, y Federico Sopeña, el tío Federico como lo llamábamos mi hermana Lola y yo, él nos llamaba sobrinas, acudía con frecuencia a casa y formaba parte de los amigos más íntimos y entrañables de la familia.

Federico Sopeña conoce a mi familia nada más terminar la guerra civil española, en otoño de 1939. En 1940 aparece Federico en la vida musical española como crítico musical del periódico Arriba y luego como secretario de la Comisaria General de Música, cuando Joaquín Turina es nombrado Comisario, durante estos años se crea la Orquesta Nacional de España y al frente de ella, como director, estará Bartolomé Pérez Casas.

Federico Sopeña conoce a Lola Rodríguez Aragón,
mi tía y madrina, se enamora de ella y le propone mantener una relación de noviazgo, Lola no está muy decidida pero al final accede, esta relación durará hasta el verano de 1942 cuando Lola decide romper esta relación en contra del deseo de Federico. Durante ese tiempo de noviazgo apadrinan los dos a la hija de Joaquín Rodrigo y Vicky Kahmi, Cecilia Rodrigo. Imagen

La primera crítica que encuentro de Federico Sopeña entre los documentos que guardo de Lola Rodríguez Aragón, es de octubre de 1940 en el periódico Arriba. Seguirán apareciendo críticas de Federico a Lola en los años 41, 42 y 43. La última critica que encuentro de Federico de estos años es de abril de 1943. También actuará como conferenciante en varias "conferencia - concierto"; en mayo de 1941 participa como conferenciante en un Homenaje a Joaquín Turina, donde el propio Turina toca sus obras y Lola R. Aragón canta. En 1943 deja por unos años su actividad en el mundo de la música para dedicarse de lleno a su repentina vocación sacerdotal.

A Federico lo recuerdo siempre como sacerdote. En junio 1952 nos da la Primera Comunión a mi hermana Lola y a mi, en las Damas Negras del paseo del Cisne de Madrid. Años después oficiaría la ceremonia religiosa de mi primer matrimonio con Carlos Del Val Caturla, en marzo de 1973, en la Iglesia de San Antonio de los Alemanes en Madrid.
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La primera crítica musical que tengo de Federico como cantante es del estreno de "La Atlántida" de Falla en Madrid, en noviembre de 1962, yo tenía 18 años y cantaba una de las Pléyades, Federico entonces escribía en el periódico ABC y hasta agosto de 1966 recopilo más de veinte críticas suyas en este diario, siempre elogiosas, siempre escritas en los momentos más importantes de mi carrera y siempre con autentico entusiasmo y cariño. Sus comentarios, me sirvieron de estimulo y ánimo en los comienzos de mi carrera como cantante, en los años 60, así como en los años de plena actividad, 70 y 80. Me dieron fuerza para luchar y seguir adelante en esta carrera dura y difícil. Desgraciadamente en el verano de 1966 la dirección del periódico ABC, envía una carta a Federico Sopeña despidiéndole como crítico musical de su periódico por hacer un comentario con respecto a "ese palco siempre vacío", refiriéndose al Caudillo. Para mi y muchos otros músicos españoles del momento fue una desgracia. Recuerdo lo triste y abatido que estaba Federico después de recibir esta carta, vino a vernos a Fuente del Fresno, donde estabamos pasando unos días con la tía Lola, para desahogarse. En su lugar ocupó la crítica musical de ABC Antonio Fernández Cid.

En 1967 Federico Sopeña empieza de nuevo a hacer crítica musical en el periódico YA, sigo recopilando críticas suyas a lo largo de los años 67, 68, 69,70, 71, 75, 76 , siempre entusiastas, no solo cuando actúo en España, sino también en el extranjero. Él no faltará al Festival Bach en Oxford en Julio de 1968 donde canto Bach y Rossini, ni a mi debut como Blonde en el "Rapto del Serrallo", de Mozart, en la Ópera de Viena. Mas tarde escribirirá también en el Diario Castilla de Valladolid y en 1976 en La Hoja del Lunes.

Federico siempre estaba allí, con su entusiasmo, donde el creía que era importante para mí que estuviera. Desde mis comienzos como cantante tendré siempre su apoyo y entusiasmo incondicionales, en julio de 1963, al día siguiente de ganar el Premio Lucrecia Arana, fin de carrera de canto del Conservatorio de Madrid, Federico me escribe - Mi querida Ana Mari: Te pongo estas líneas al día siguiente de tu concurso ¿Porqué al día siguiente?. Para dejar reposar un poco la inmensa emoción que me ha producido el oírte. En todo, pero especialmente en esa canción de Brahms que es una de la que más quiero. Nos hechizaste a todos y cuando levantabas un poco la mano izquierda a mi se me subía el corazón a la cabeza y me daban ganas de gritar llorando de alegría. Bravo , sobrina. Ya puedes dar todas las mañanas gracias al Espíritu Santo que es el autor de todo eso: un poco también tu tía pero sobre todo el Espíritu Santo. Mi más completa enhorabuena por la pureza, por la musicalidad, por esa grande y pura pasión que solo tienen las muy grandes cuando además son puras. Muchísimas cosas y muchísimo cariño del tío Federico. -

Recuerdo los veranos que pasamos juntos. En junio de 1964 alquiló mi familia una casa de campo en Les Platanes a las afueras de Aix en Provence, se llamaba Domaine de Fontvielle, allí nos fuimos mi hermana Lola, mis padres, la tía Lola y Belén Marañon; Tesesa Berganza cantaba en el festival de verano. Federico también acudió a Aix. Todos los días nos veíamos, venía con frecuencia a Fontvielle para tomar el té y hacía practicas de conducir en un dos caballos gris que tenía el dueño de la casa, Jean. Recuerdo el dos caballos con Federico al volante, dando brincos como si en lugar de motor tuviera dentro realmente caballos y a los pocos metros de dar brincos se calaba el motor. Alguna vez conseguía hacerlo andar más tiempo del esperado y el peligro, entonces, era real e inminente para los que nos encontrábamos en su entorno.

En julio de 1967 me escribe Federico desde El Cid - Sanchorrejas (Avila) para felicitarme por Santa Ana - He llegado a la situación deliciosa y dramática a la vez de que si no hablo con tu tía tres veces por teléfono y si no la oigo repetir mas veces lo que eres y lo que serás, ese día me parece vacío ¡Ah, las últimas tardes del Fresno viéndote en las nubes, maravillosas nubes de las que solo desciendes para el cariño y para cantar!.....En este viejo palacio, perfectamente acondicionado, puesto totalmente a mi disposición - hay una capilla encantadora en la que me paso ratos de mucha hondura y donde la misa tiene un ambiente extraordinario de paz y de recogimiento. Puedes imaginarte que mañana, día de Santa Ana, precioso día que debería ser de fiesta, me dedicaré a subir en lo posible a tus nubes, a tus sueños para pedir, como dice el poeta Salinas, que se "desensueñen y se encarnen". Felicidades de todo corazón. Grandísimos cariños de Federico.

En agosto me escribe a La Coruña donde he ido unos días para cantar la Rossina del Barbero de Sevilla en el Festival de Ópera - Harás una Rossina preciosa. Te va bien, porque si analizas el personaje te das cuenta de que dentro de esa pajarería , de esa alegre desenvoltura hay un casi imperceptible pero real espíritu de romanticismo. Eso de juntar romanticismo y alegría es dificilísimo pero es, precisamente la medida de tu corazoncito que yo creo corazonazo.....

En septiembre me escribe desde Perugia - Querida sobrina: Hoy después de varios días de depresión aguda, la gran alegría. Ha llegado Abbiati a Perugia e inmediatamente le he dado recuerdos tuyos. ¡Como se ha puesto el hombre de contento!. Ha empezado a dar voces diciendo maravillas de ti. Ya ves, Ana, tu nombre me proteje a mi también y por eso te escribo esta tarjeta. Ya sabes que renuncio a todo menos a ser espectador de tu triunfo y ya seria premio bastante. Hasta pronto . Un gran abrazo del tío Federico.

En noviembre de este mismo año escribe Federico a mi padre, Jacinto Higueras Cátedra, dándole las gracias por una réplica que le ha hecho en bronce de mi cabeza cuando tenía siete años, dice - He pasado horas y horas de procesión con la maravillosa cabeza de Anita. Todos los sitios me parecen oscuros y pobres. ¡Que maravilla!. Siempre tuve la ilusión de tener cerca de mi una bella escultura: tenerla tuya y de Ana es algo superior al sueño. La trajeron también como en procesión tus hijas. ¡Y luego me quejo de que estoy solo!......

También recuerdo los días que pasamos en Londres y en Oxford en el verano de 1968, yo cantaba en el Bach Festival de Oxford y vivíamos en Londres en casa de Mabel Marañon y su marido Tom Burns, también estaban la Tía Lola y Belén Marañon. Belén Marañon tenía amistad con Salvador de Madariaga y su mujer Mimí y nos llevó una tarde a conocerlos a su casa de Oxford. Federico estaba encantado y disfrutó enormemente con este encuentro. Le cautivo la sencillez la cordialidad y la inteligencia de Salvador de Madariaga y de su mujer Mimí. Todos pasamos una tarde inolvidable. De ese encuentro nació una entrañable amistad con Salvador de Madariaga. Imágenes

En San Sebastián coincidimos varios veranos, Federico solía acudir a La Quincena Musical y allí estabamos mi hermana Lola y yo en verano con la tía Lola, en un piso que tenía en la Playa de Gros. Por las tardes acudía Federico a casa a tomar el té. Nos divertía escucharle contar las novedades e historias del ambiente musical español, con ese agudo sentido del humor que le caracterizaba. Le preocupaba mucho que a mi hermana Lola y a mi nos divirtiera más tomar el té con el y escuchar sus historias a salir de paseo con amigos. Siempre nos buscaba novios y cuando creía haber encontrado un buen partido nos decía - "es oro molido, oro molido". En agosto de 1968 me escribe a San Sebastián - Vuestro plan de vida me parece solo regular: tu y Lolita deberíais pasaros medio día entre chicos, viviendo de verdad vuestros años porque hay chicos que os necesitan de veras. Voy a tener que tomar cartas en el asunto. En serio. De manera que si en Septiembre no volvéis con un novio cada una, catedrático por lo menos, me enfadaré muchísimo. Eso del té todas las tardes está bien para los que ya nos acercamos a los sesenta años......

En septiembre me escribe desde París - Querida sobrina. Bueno el tiempo, mala la ópera, excelentes los conciertos, regular la salud, triste el paso, abundante la nostalgia, memorizados los sufrimientos, pero deliciosa, silenciosa, casi solitaria la Misa: en ella ofrezco todo por vosotros, por ti - y no solo por el canto - en primera línea".....

Recuerdo de Federico sus misas, los domingos, en la Iglesia de la Ciudad Universitaria. Yo solía cantar acompañada al órgano por Miguel Zanetti. Federico siempre hablaba en la misa cuando entonces no era habitual el hacerlo. Sus sermones o mejor dicho sus charlas, eran amenas, valientes y de profunda religiosidad.

También recuerdo sus clases de Historia de la Música en el Conservatorio de Madrid, eran amenas y el tiempo pasaba sin darte cuenta. Lo mismo le ocurría como conferenciante. Juntos participamos en varias "conferencia - concierto"; Padre Feijó en el Ateneo de Madrid, Falla, Turina y Schubert en La Escuela Superior de Canto, etc...

En agosto de 1969 me escribe Federico a Heidelberg, donde estoy viviendo en casa de mi amiga Luisa Velasco y preparo audiciones por Alemania y Austria, dice - Has hecho muy bien en hacer este viaje: Todo antes que seguir amarrada al ambiente musical de aquí. Disfruto de pensar lo que te va a gustar Viena. Lástima que la Ópera esté cerrada ahora. Allá iremos cuando debutes. Te recomiendo para tu alemán leer mucho Heine y apréndelo de memoria. Allí en Heidelberg vive el más grande filosofo de nuestro tiempo Heideger. No dejes de ver la biblioteca de la ciudad ¡y el castillo!. Una buena consecuencia de tu viaje: rezo mejor. Federico,
como me decía en la carta, acudió a mi debut en la Ópera de Viena.

En enero de 1970 me fui a vivir a Viena, me habían contratado en la Ópera para actuar durante cinco años. Federico me escribe desde Nápoles - Querida Anita, estoy cómicamente desesperado. Mi maleta no llegó a Roma sino parece que fue ¡a Sidney en Australia!. Si no llega la maleta ¿qué hago yo en Roma?, tampoco tengo dinero suficiente para completar el ajuar....Paciencia. Estoy deseando volver para tener noticias de cómo van tus ensayos. Triunfaras en toda la línea. Te escribiré desde Madrid cuando llegue poco menos que en paños menores. Aquí hace un respetable frío y yo sin zapatillas, sin pijama, sin abrigo y sin paraguas.

El 22 de marzo de 1973 contraje matrimonio por la iglesia católica con Carlos Del Val Caturla y Federico Sopeña celebró la ceremonia en la Iglesia de los Alemanes en Madrid. En julio de 1974 nació mi hijo Jaime y la primera felicitación que recibí fue de Federico - Mi muy querida Ana: Anoche , nada más llegar, me dio tu madre la noticia del nacimiento de Jaime. Como me voy ahora mismo y no sé los días que voy a estar te mando estas líneas de felicitación entrañable. Si hacen el bautizo hacia el 10 yo estaré todavía aquí. Me imagino vuestra alegría. Me imagino que Jaime será guapísimo. A Jaime lo bautizamos en septiembre, Federico no estaba en Madrid y no pudo bautizarlo.

De enero de 1980 es la última carta que conservo de Federico, escribe - En esta vida tan penosa que llevo ahora, cariños como el vuestro son el gran consuelo por el que doy gracias a Dios todos los días. Algún día podré devolver algo. Con toda mi alma gracias.

Federico me devolvió no solamente algo sino mucho más de lo que yo pude darle y siempre con la generosidad, el cariño, el entusiasmo y el apasionamiento de que era capaz. Él forma parte de mi vida y de mis recuerdos y esos recuerdos te acompañan allí donde vas. Es como una brisa suave que te envuelve y acaricia. Estos recuerdos, esta brisa envolvente es lo que hace inmortal a las personas que han estado muy cerca de ti y misteriosamente desaparecen y esa inmortalidad la tiene y tendrá siempre Federico en mi pensamiento.

Ana Higueras colabora con este escrito en el libro

"Federico Sopeña y la España de su tiempo: 1939-1991"
editado por la Fundación Isaac Albéniz, mayo 2000

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Copyright del texto pertenece a ANA HIGUERAS
Las imágenes se custodian en el Archivo HIGUERAS ARTE


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